“Hay barreras culturales que dificultan el diagnóstico oportuno del cáncer de cuello de útero”

[POLÍTICAS DE SALUD] La trabajadora Social Mariana Audisio y equipo indagan en las causas que obstaculizan la prevención y tratamiento de este tipo de cáncer, segundo en la lista de enfermedades oncológicas que más afectan a mujeres.

 

Por Fernanda Borcosque

En Argentina el cáncer de cuello de útero tiene una de las más altas tasas de incidencia entre todos los tipos de cáncer, pese a ser una enfermedad totalmente prevenible. “Y San Juan no es la excepción”, dice Mariana Audisio, trabajadora Social, docente e investigadora del Instituto de Investigación Socio Económicas de la Facultad de Ciencias Sociales, quien además trabaja en el Registro Hospitalario de Tumores del Banco Provincial de Drogas Antineoplásicas del Hospital Marcial Quiroga. La especialista sostiene que existen barreras que alejan a las mujeres de las estrategias de prevención, y las principales son culturales, aunque no las únicas.
El Programa Provincial de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino (PPPCCU) implementado por el Ministerio de Salud Pública desde 2010, trabaja con una población constituida por mujeres de 35 a 64 años, que es la franja de edad que más casos concentra de cáncer de cuello uterino. Este Programa, que es una aplicación del mismo a nivel nacional, busca disminuir la cantidad de nuevos casos y muertes en mujeres producto de esta enfermedad.
En un proyecto anterior, el equipo dirigido por Audisio y codirigido por Alejandra Lucero trabajó en la evaluación del PPPCC, sus aspectos generales, objetivos, alcances y resultados. Ahora, a través del proyecto “Prevención del Cáncer de Cuello Uterino a través de la estrategia del Papanicolaou y de las ‘Navegadoras’, en el Gran San Juan”, se enfocan en la prevención primaria en la implementación del test de Papanicolaou (método de tamizaje conocido como Pap) y el rol de las “Navegadoras”. Estas son agentes de salud que se ocupan de buscar a las mujeres identificadas con lesión por HPV (virus del papiloma humano) y Pap anormal para hacerles un seguimiento, reinsertarlas en el sistema de salud y ayudarlas a recibir el tratamiento y los controles adecuados. “Si bien el Programa Provincial actualmente no cuenta con la figura de Navegadoras como tal, en el sistema hay efectores de salud, como son las trabajadoras sociales o agentes sanitarios, que realizan el seguimiento y búsqueda activa de las mujeres a nivel local”, indica la investigadora Mariana Audisio.

Llegar tarde
Si es cien por ciento prevenible, ¿por qué encabeza la lista de los cánceres más frecuentes?, la pregunta es inevitable. “Como trabajadoras sociales no podemos no evaluar la dimensión social que atraviesa la problemática. En un trabajo de difusión científica que presentamos recientemente en el Hospital Guillermo Rawson informamos que de una muestra de 182 mujeres diagnosticadas y tratadas, en un periodo de dos años (2014-2016) el 42% había fallecido, lo que genera un costo social altísimo porque ellas cumplían roles en nuestra sociedad, de madres, trabajadoras, cuidadoras. Es decir que esas mujeres a pesar de haber sido diagnosticadas y recibido tratamiento, fallecieron en un lapso de 2 años”, explica Audisio. La causa de estas muertes es que al momento del diagnóstico, el tumor ya estaba en una etapa avanzada, entonces en estos casos las posibilidades de efectividad en el tratamiento terapéutico se reducen.
Las causas posibles son varias. “Hemos advertido que el esfuerzo que se realiza desde el sistema de Salud es mucho: hay recursos humanos capacitado, hay profesionales de la salud que están muy comprometidos con la prevención y hay recursos materiales disponibles pero creemos que algunas acciones se realizan desarticuladamente entre las áreas intervinientes. Para efectivizar el uso de los recursos, sería oportuno reforzar la planificación de las acciones en el marco del programa y fortalecer las campañas de difusión y concientización, porque hemos advertido en la población estudiada que hay mucho desconocimiento en general sobre el tema”, dice Mariana Audisio.

Cuestión de género
Entre los objetivos del estudio, las investigadoras se plantearon analizar las relaciones de poder al interior de la pareja y su incidencia sobre el cuidado de la salud, adoptando el enfoque de género. En los discursos de las mujeres entrevistadas, éstas manifestaron ciertos condicionamientos por parte de sus parejas (hombres) para realizarse los controles. “Al preguntarles por qué no accedían a los controles ginecológicos, muchas nos respondían que sus maridos no las dejaban porque el médico es hombre. Creemos que es necesario analizar el rol del hombre como actor que puede contribuir u obstaculizar el proceso de prevención”.
Otro aspecto influyente que no es menor, refiere a la diversidad de roles que desempeñan las mujeres al interior de las familias, siendo madres, cuidadoras, trabajadoras, jefas de familia, lo que las lleva la mayoría de las veces a priorizar esas actividades reproductivas y domésticas por sobre las del propio cuidado de la salud.
Las investigadoras consideran que el hombre, como compañero de una mujer que tiene que cuidar su salud, también debe estar presente entre los destinatarios de este Programa, ya que su rol es fundamental para acompañar y sostener la dinámica familiar mientras la mujer se ausenta para hacerse los controles o bien realizar su tratamiento. “Consultamos a los referentes de este Programa a nivel nacional acerca de por qué no contempla la figura del hombre en las que son estrategias de prevención, siendo éstos transmisores activos del VPH. La respuesta fue que las que se mueren son las mujeres, y que los hombres no son prioritarios para los objetivos de este Programa”, cuenta la profesional.

Test de VPH
Entonces, existen barreras que alejan a las mujeres de las estrategias de prevención de esta enfermedad. Las principales son las barreras culturales, pero no las únicas. Todo lo que implica el proceso, acceder a una consulta médica, realizarse el Pap, esperar que la muestra sea analizada por el laboratorio, buscar el informe con el resultado y luego pedir otro turno para que un profesional lo lea y brinde un diagnóstico médico, es un procedimiento que a veces no se lleva a cabo completamente. “El Pap es un test operador dependiente, como lo define la directora del programa nacional, que para ser efectivo intervienen muchos mecanismos de control que a veces el sistema de salud no puede garantizar adecuadamente. Hemos encontrado que a través de todo el procedimiento que implica realizarse el Pap y dar con el diagnóstico, aparecen ciertos condicionantes que obstaculizan la efectividad del método. En el caso de Test de VPH es más sencillo de aplicar y el procesamiento es automático”, dice la investigadora.
Algo positivo para destacar en torno de esta problemática es que ya se está implementando el Test de VPH para prevenir el cáncer de cuello de útero en la provincia desde hace más de un año. Consiste en que la mujer se realiza una autotoma, es decir, ella misma se toma una muestra de células de tejido uterino con un dispositivo determinado (cepillo), que luego coloca en un tubo colector. La muestra se analiza con una máquina (un equipo instalado en el Centro de Adiestramiento René Favaloro, en Rawson) que detecta si hay virus y si es de bajo o alto riesgo. Si se determina que el virus presente es de alto riesgo u oncogénico, se le indican a la mujer los tratamientos a seguir, para evitar que el VPH evolucione a un cáncer. “Estamos detectando que esta prueba de tamizaje ha promovido una mayor capacitación de los equipos de salud a la vez que está logrando acercar mayor información sobre el tema a la población objetivo”, dice la investigadora.

Ficha: Prevención del Cáncer de Cuello Uterino a través de la estrategia del Papanicolaou y de las ‘Navegadoras’, en el Gran San Juan.
Directora: Lic. Mariana Audisio (UNSJ). Co-directora: Mg. Alejandra Lucero (CONICET-UNSJ).
Equipo: licenciadas Gemma López (UNSJ), Cecilia Luna (CONICET-UNSJ), Vanesa Castro (CONICET-UNSJ). Adscriptas graduadas: licenciadas Julieta Requena, Andrea Molina. Adscriptas alumnas: Leila Pérez y María Eugenia Oliver.

El equipo de investigadoras (de izquierda a derecha: Vanesa Castro, Mariana Audisio, Cecilia Luna, María Gemma López, Alejandra Lucero, Leila Pérez y Andrea Molina.

Perteneciente a octubre/73: edición Nº421, año VII. Septiembre de 2019