Tierra viva

Poroctubre/73

Tierra viva

Venerada por las culturas primitivas como la Gran Madre dadora de vida, la Tierra otorga a los seres humanos mucho más que un sentido de pertenencia. La lucha por poseerla y dominarla cobra hoy urgente sentido y exige una toma de decisiones consciente y centrada en la humanidad. Desde la UNSJ, las distintas miradas sobre la Tierra y el conocimiento que se construye acerca de ella.

 

Por Belén Ceballos, Susana Roldán y Fabián Rojas

Sin Tierra, así con mayúsculas, no hay vida. Al menos, no como la conocemos. Esta afirmación, que subyace en los fundamentos de muchas ciencias, también es sustento espiritual en muchas religiones y creencias. Distintos grupos de investigadores de la UNSJ abordan el estudio de la Tierra, desde diferentes miradas, que tienen que ver con la ingeniería, la arquitectura, las artes, la historia y la geología, entre otras.
“Hay distintos enfoques sobre el uso del suelo, tanto desde la organización territorial como desde la planificación urbana”, dice Ricardo Uliarte, director del Instituto de Materiales y Suelos de la Facultad de Ingeniería. Según esto, “desde la ingeniería civil, consideramos que existen suelos y rocas. Para poner una obra, el mejor tipo de suelo son las rocas. Pero existen otros tipos de suelos cuando la roca se degrada, como los suelos aluviales, que cuando son más finos pueden ser arena, limo y arcilla. En medio, hay una mezcla de todo”, sostiene. En San Juan existen, según el investigador, todos estos tipos de suelo. “Hay una capa superficial de suelos finos de distinto espesor y debajo de ella, gravas mezcladas con arena. Son dos horizontes. El primero de ellos no existe hacia el oeste: solamente tenemos las gravas. Si vamos hacia el este, empiezan a aparecer otros suelos finos. En la ciudad tenemos un promedio de tres metros de suelo fino y luego los suelos gruesos y aproximadamente a los 200 metros empiezan las rocas”, explica. Un estudio de suelos involucra muchos aspectos: no sólo su composición sino también la topografía del lugar. “Antes de construir, se debe analizar qué tipo de obra se va a hacer, en qué lugar y lo que hay alrededor. Si se construye en un suelo más inestable, habrá que hacer una fundación más profunda. Y si se construye sobre roca habrá que tener en cuenta si hay laderas cerca, que puedan implicar peligros de derrumbe”, expresa el investigador.


Debajo de este suelo

Dr. Aldo Banchig, director del INGEO de la FCEFN

Dr. Aldo Banchig, de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

El doctor en Geología Aldo Banchig, director del Instituto de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ, explica que la Corteza terrestre es un material geológicamente cuaternario, es decir de la Era Cenozoica, la cual llega hasta la actualidad. “Debajo de ello hay un sustrato rígido, que son rocas duras, y una cubierta sedimentaria también rígida y muy antigua, que datan de unos 400 a 500 millones de años, que forman parte de las serranías de Zonda, por ejemplo”, grafica, y luego agrega que también se encuentra material como ripio y agua. Esto, en cuanto a lo más superficial, pero la Tierra tiene, en promedio, entre el Polo Norte y el Ecuador, y desde su centro hasta la superficie, un radio de 6.371 kilómetros, es decir que se puede decir más sobre lo que hay al interior de ella. “La Tierra tiene un Núcleo de Níquel y de Hierro, donde las presiones son descomunales. Los elementos de la Tierra, a través de millones de años, fueron disponiéndose, desde el Núcleo, desde los más pesados a los más livianos”, dice Banchig.
Por su lado, la investigadora de esa misma Facultad, Agostina Venerdini, licenciada en Geofísica y becaria del CONICET, comenta que la Tierra no es homogénea sino que su composición va variando y que “el espesor promedio de la Corteza terrestre en el planeta es aproximadamente de unos 37 kilómetros. La Corteza es frágil, y por eso en ella se producen los sismos”, dice Venerdini. Luego sigue el Manto, un material viscoelástico, entre rígido y fluido. En él se producen las corrientes convectivas.

 

Origen de las montañas
El Manto, o la parte exterior del Núcleo de la Tierra, no es homogéneo en cuanto a su densidad, describe Aldo Banchig, por lo cual suelen producirse corrientes de convección (las corrientes consisten en que el material caliente sube y el material frío baja). Estas corrientes convectivas están moviéndose constantemente, por lo que en la cubierta superficial, es decir, en la Corteza, los materiales más livianos (las placas) se desplazan constantemente por encima de aquellas corrientes”, señala.
En otras palabras, las corrientes convectivas son las responsables del movimiento de las placas tectónicas. “Esas placas que flotan arriba a veces chocan entre ellas, o se introducen unas debajo de otras, lo cual se llama subducción. Esto dio origen a las montañas. La teoría de Tectónica de Placas está comprobada, contrariamente a la Teoría Geosinclinal, que fue descartada. Esta teoría, del Siglo 19, sostenía que todo el material caía en una cuenca, luego se comprimía por enfriamiento y contracción de la Tierra y así habían emergido las montañas”, indica Banchig.

 

Lic. Agostina Venerdini, del CIGEOBIO de la FCEFN. Becaria del CONICET

lic. Agostina Venerdini, del CIGEOBIO de la FCEFN y becaria del CONICET.

Por qué en San Juan no hay volcanes
Agostina Venerdini detalla que en San Juan se produce la llamada “subducción horizontal”. En ésta, una placa se introduce debajo de otra pero de manera casi paralela, sin formar un gran ángulo entre una y otra. “Esto es –dice Venerdini- que la Placa de Nazca, que subduce (se introduce) bajo la Placa Sudamericana, no lo hace con un ángulo normal, que es de unos 40 grados, sino que lo hace con un ángulo casi horizontal. Esta es la razón por la que en esta provincia no hay vulcanismo. Y también esto hace que en San Juan la corteza sea más gruesa. Por ejemplo en la zona de Pie de Palo hay una corteza de unos 47 a 50 kilómetros”. El movimiento de subducción de la Placa de Nazca en la Sudamericana, produce sismos. “El planeta está en una constante dinámica. El material de la Placa de Nazca cuando llega al Manto se funde”, indica la investigadora. //

 


Ecología política: cuestión de principios

Dra. Elena Hidalgo, profesora de Ecología Social y de Extensión Sociológica Rural, en la UNSJ

Dra. Elena Hidalgo, profesora de Ecología Social y de Extensión Sociológica Rural, en la UNSJ.

“La ecología política tiene que ver con la mirada desde la ecología, pero focalizada en los conflictos ambientales”, había dicho Cecilia Montagni, subdirectora del Departamento de Biología, al anunciar las III Jornadas Nacionales de Ecología Política que se realizaron el mes pasado en la UNSJ. Desde la cátedra Ecología Social de la carrera de Sociología de la UNSJ, Elena Hidalgo enseña que el hombre se relaciona con tres tipos de ambientes: uno natural físico biológico; un ambiente humano material, surgido de las intervenciones que realiza el hombre (rutas, tecnologías, edificaciones, etc.), y un tercer ambiente ideo valorativo, no material, que implica las formas de relaciones y la socialización centrales en la ecología política.
“La ecología política aborda al hombre en términos de que somos una especie social y política. Ha definido principios para favorecer la coexistencia del hombre y su entorno y para permitir hacer del mundo común un mundo mejor”, apunta la docente e investigadora, quien también es Profesional Asociada a la Dirección Nacional de Relaciones Institucionales del INTA.
Primero, dice, hay un principio de responsabilidad, perfectamente aplicable a la tierra, en el cual cada uno asume su parte de responsabilidad en sus decisiones. Otros principios son el de solidaridad y el de unicidad. “Este último indica que cada quien es diferente y la diversidad enriquece. Los sistemas no son sustentables si no hay diversidad”, señala Elena Hidalgo. Y agrega: “Esto también es aplicable al sistema agronómico, que será sustentable si se respeta la biodiversidad biológica”. El principio de la pluralidad, en tanto, habla de construir colectivamente, lo cual lleva al principio de participación. A nivel de las sociedades agrícolas, la participación conforma la primera forma organizativa, que es el trabajo familiar. “Así fue creciendo la agricultura. Tenemos ejemplos de esto en la Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan, que empezaron como grupo familiar y luego se fueron consolidando en cooperativas”, señala Hidalgo.
El principio de integridad ecológica conlleva la idea de recuperar y fortalecer los espacios para que nuevas generaciones puedan disfrutar de los mismos recursos, paisajes y potencialidades. “El planeta Tierra es un mundo común, y tenemos la corresponsabilidad de dejar que sea seguro y mantenga condiciones de bienestar. En el INTA, mediante su Plan Estratégico, se incorporó como principio fundamental trabajar no solamente para la productividad sino para la equidad, lo cual legitima el Programa ProHuerta (que facilita huertas orgánicas en familias y comunidades). Y también incorporó un principio que se venía perdiendo: el de la sustentabilidad ambiental. Creo que aquí se puede decir que se trabaja en el respeto a los principios de la ecología política”, completa la doctora Elena Hidalgo. //

 


Leer la vida

Suelos y rocas, cuando se litifican, son valiosos instrumentos de los que se vale la tafonomía para explicar todos los sucesos que afectaron a un organismo en el pasado y cómo se produjo el proceso de fosilización. “Nuestro trabajo es leer las rocas donde se encuentran los fósiles, que nos cuenten una historia a través de sus rasgos: la forma en que están desarrolladas, el tamaño de los granos, el color. También trabajamos con suelos fósiles, ya que de la misma manera que hoy se generan suelos cuando interactúa la biota con la roca pura, también pasaba millones de años atrás. Son los paleosuelos”, dice Carina Colombi, doctora en Geología e investigadora del Museo de Ciencias Naturales de la FCEFN y del CONICET.
Según refiere, los paleosuelos son sumamente importantes para la reconstrucción paleoclimática. “Su estudio nos permite saber cuánto llovía, qué presión de carbono había en la atmósfera, por ejemplo. La descripción y análisis de rocas y suelos a través de una escala temporal nos sirve para ver la evolución. Cada rasgo se analiza en el campo, se interpreta y luego, en laboratorio, se hace un análisis más detallado y se utiliza el microscopio petrográfico. También se realizan análisis químicos e isótopos estables”, explica.
Los datos así recolectados son muy útiles para entender los ambientes donde vivían los dinosaurios. “Saber si había ríos, lagos, si el clima era estacional, si llovía, si había sequías. Y entender cómo se fueron adaptando esos animales para poder vivir en determinado entorno. También ayuda a encontrar lugares más propicios para el hallazgo de fósiles de vertebrados y entender por qué están preservados de determinada manera”, dice Colombi. //


Tierra, material sustentable

145La construcción con tierra es utilizada desde la Antigüedad, de hecho las primeras casas fueron edificadas con tierra cruda. Se puede disponer de ella fácilmente como material de construcción, ya que se encuentra en cualquier lugar y sus ventajas son múltiples. Si bien fueron las viviendas más primitivas las que se realizaron con tierra cruda, estas técnicas no son algo del pasado: hoy, de un tercio a la mitad de la población mundial vive en casas de tierra. En algunos países desarrollados, se continúan realizando experiencias e investigando sobre sus aplicaciones, incluso a nivel de construcción plurifamiliar o prefabricada.
En San Juan la gente también construye con adobe aunque ese tipo de construcción no está supervisado mediante una normativa vigente. Por lo tanto, en la carrera de Arquitectura y Urbanismo se dicta la cátedra “Construcción con tierra”, cuyo fin es dar respuesta a la necesidad de los alumnos de conocer una de las construcciones más popularizadas en la provincia. Los profesores a cargo son los arquitectos Arturo Pereyra, Alejandra Dubós y Emilia Cano. “La gente no va a dejar de construir con tierra porque la economía no le ayuda para usar otro material, por lo tanto, como profesionales debemos dar respuesta a esos problemas y no mirar para otro lado”, expresó Pereyra. Además, “la tierra es un material sustentable, forma parte de la naturaleza y vuelve a ese estado una vez que la construcción se deteriora o se demuele”, concluyó. //


Los buenos residuos en el uso del suelo

Dr. Emilio Paroldi y Lic. Emilce Medina, del Instituto de Biotecnología de la FI

Dr. Emilio Paroldi y Lic. Emilce Medina, del Instituto de Biotecnología de la Facultad de Ingeniería.

Emilio Paroldi y Emilce Medina, especialistas en Microbiología de suelos agrícolas e investigadores del Instituto de Biotecnología de la Facultad de Ingeniería, dicen que una característica negativa de los suelos de San Juan es que tienen bajo contenido de materia orgánica, lo cual provoca poca actividad microbiana. Esta actividad es crucial, porque los microorganismos están vinculados con el ciclado de los nutrientes, es decir, el proceso por el que los microorganismos transforman los nutrientes para que las plantas puedan asimilarlos. “Si no existiese el ciclado de nutrientes, sólo habría que acudir a la fertilización agroquímica”, dice Paroldi. Sin embargo, la poca actividad microbiana se compensa con la arcilla de los suelos, ya que ella retiene componentes minerales.
Los indicadores microbiológicos son los que señalan la respuesta del suelo frente a actividades o aplicaciones sobre él. Entonces los investigadores hablan de “resiliencia del suelo”, o de su capacidad para recuperarse. “Con los cultivos perennes, como la vid y el olivo, en los que no hay rotación como con las hortalizas, el suelo no descansa”, señala Emilce Medina. “Por eso hay técnicas, como sembrar plantas que colaboran con la fijación de nitrógeno, y así no es necesario un agroquímico. También el suelo se cuida con la llamada ‘labranza mínima’, aunque para los suelos arcillosos la labranza es muy necesaria”, agrega. Emilio Paroldi anota que el tipo de agricultura que se practicaba años atrás era más conservadora desde el punto de vista ecológico. “Ahora, el abuso de agroquímicos significa un mal uso, y los estiércoles incrementan mucho la conductividad eléctrica o la concentración de sales. Todo en exceso es malo”. A su vez, Medina habla de la “aplicación de enmienda orgánica”, es decir, residuos de la industria olivícola “como una buena práctica”.
Los investigadores señalan que en San Juan hay suelos donde cultivar depende directamente de un financiamiento muy alto, como las zonas desérticas, porque el factor limitante siempre es el agua. El salitre en los suelos, paisaje característico de buena parte de la ruralidad local, permite la vida de especies vegetales que toleran la salinidad. “Si bien esas especies no sirven para comerciarlas, sí son aptas como forraje para animales, como es el caso de la zampa, que consumen las cabras”, explican. //


Volver a las raíces

La arcilla y el yeso son minerales valorados como signos culturales y ancestrales en cátedras de Artes Visuales de la UNSJ.

Paula Romero y Guadalupe Aguiar

Dra. Guadalupe Aguiar y Lic. Paula Romero, docentes del Departamento de Artes Visuales de la UNSJ.

La tierra y sus minerales están hoy, y lo estuvieron ancestralmente, en un lugar casi de culto para las producciones artísticas. La doctora Guadalupe Aguiar, titular de la Cátedra de Escultura del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, sostiene que “la escultura, históricamente, está vinculada con las materias primas de la tierra, que tienen su origen en lo mineral. Su vinculación con la tierra es directa. Entonces en esta cátedra trabajamos con arcilla, yeso, cemento”. A su vez, la licenciada Paula Federica Romero, titular de la Cátedra de Cerámica en ese Departamento, realiza una distinción: “No hay que confundir la tierra con la arcilla. La tierra tiene distintos minerales y uno de ellos es la arcilla. El mineral arcilloso tiene cualidades de plasticidad, que es muy utilizado en la escultura como un medio pero también como final de la obra”.
Guadalupe Aguiar dice que los elementos de la tierra, como materias primas usadas en expresiones artísticas, sirven para generar nuevos pensamientos. “Esto no es retrógrado, como a veces se ha querido sostener. Que nuestras cátedras realicen uso de estos materiales, hace que los alumnos se permitan un vuelo conceptual, ir también por otros lados y no quedarse sólo en lo tecnológico”, reflexiona. “Es que en realidad salimosIMG_6819 desde la tierra porque los primeros elementos que usados en toda manifestación artística han sido los minerales, entre ellos la arcilla, no sólo por su cualidad plástica sino porque se seca al sol. Entonces esto es como volver a las raíces”, apunta Paula Romero.

 

Nada menor
Muchas veces las creaciones con elementos de la tierra han sido consideradas como una suerte de “arte menor”. “Podemos diferenciar lo escultórico de lo que es utilitario –dice Romero-, y muchas veces se ha pensado que lo utilitario tiene un valor estético y comercial menor. En el arte oriental, entre las manifestaciones artísticas más tradicionales está la cerámica. En esa cultura tiene un valor importante convivir con objetos realizados especialmente para cada persona. Esto es así en las culturas aborígenes también, pero la cultura occidental lo considera arte menor”. “Los lenguajes se cruzan. Más que de arte menor o mayor habría que hablar de cruces de disciplinas y de áreas de conocimientos”, propone Aguiar. //

 


Guardianes de su territorio

El profesor de Geografía y voluntario del Programa Universitario de Asuntos Indígenas, PUAI, Matías Cabañes, explicó que la relación entre el hombre y el medio que habita ha sido compleja a lo largo de la historia, producto de la explotación a través de diferentes formas de los recursos naturales. Los pueblos originarios en América consideraron a la tierra como un todo en sus vidas, comprendiendo la base física, cultural y espiritual con un significado simbólico a partir de las relaciones que establecieron entre ellos. Esta mirada permitió la supervivencia de los pueblos en el pasado y en el presente, desde el rol de “guardianes de su territorio”. Esto no se plasmó en culturas occidentales sino que se impuso la visión antropocéntrica, que llevó a vivir en una crisis ambiental.
Por otra parte, Cabañes agregó que el etno-desarrollo se ve reflejado en los pueblos originarios, pese al impacto de la globalización, porque el fundamento principal es considerar al mundo como “una sola tierra”, con un “futuro común” para toda la población, desde la racionalidad; sin excesos. El Pueblo Huarpe y Diaguita de San Juan lo practican a diario, desde el manejo que hacen del agua hasta la agricultura comunitaria, permitiendo manejar los recursos en función de las necesidades que les van surgiendo.
Por último, Matías remarcó que como muchas sociedades toman como modelo el Paradigma del “Buen Vivir” de los pueblos originarios, basado en el respeto a la madre tierra, “aplicar la Educación Intercultural Bilingüe, en todos los niveles, nos permitiría incorporar espacios de reflexión sobre nuestro accionar en el planeta y generar cambios en nuestro modo de vida”.

 

Ancestralmente dueños
Javier Alamino, abogado y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, explicó que existe en el imaginario de la gente un concepto muy arraigado referido a la idea de propiedad privada de la tierra. En la última reforma de la Constitución Nacional se incorporó el artículo 75 inc. 17, que reconoce los derechos constitucionales sobre la tierra de los pueblos originarios. Esto obliga al Estado a reconocerles la propiedad sobre el territorio que tradicionalmente han ocupado, ya que los considera como preexistentes a la formación del Estado-Nación. Además, esta disposición es reconocida por Tratados Internacionales como el Convenio 169 de la OIT y el Pacto de San José de Costa Rica, ambos con jerarquía superior a las leyes.
Frente a esto, Alamino resaltó que surgieron distintas interpretaciones jurídicas, la primera de ellas, se preguntaba si había que entregarle el título de posesión de tierras a las comunidades originarias o si esos territorios les pertenecían simplemente por haberlos habitados durante siglos.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos interpretó que ese territorio es de las comunidades y tiene la misma validez que un título. Por lo tanto, si un pueblo indígena vive en un lugar que fue heredado por sus ancestros, equivale a tener la posesión del territorio.
En el caso particular de El Encón, en el departamento de 25 de Mayo, el conflicto tiene su raíz en la venta de tierras que hubo en la época de la conquista. Esto hizo que los territorios habitados por los indígenas fueran dados a los españoles, por lo tanto, esos terrenos tienen dueños que los reclaman. “El Estado sanjuanino debe tomar cartas en el asunto y evitar que estos problemas crezcan y se equiparen a los que sufren otras comunidades originarias del país. Una posible solución sería que les entregara los títulos de posesión a los pueblos indígenas e indemnizara a quienes los reclaman, como se hizo en Mendoza”, puntualizó Javier Alamino. //


Entre montañas y en las proximidades de un río

La doctora Ana Fanchin, directora del Programa Espacio, Población y Género, del Instituto de Geografía Aplicada de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, explicó que en la provincia de San Juan, con características de aridez y preponderancia de relieves positivos, la ocupación fue organizada en torno a los oasis principales: Tulum, Ullum-Zonda, Calingasta y Barreal en el oeste, Jáchal e Iglesia al norte y Valle Fértil al este.
A partir de la conquista y colonización del territorio se diseñó un nuevo orden en la distribución de los espacios, y sobre esa base se orientó la ocupación posterior. La cultura hispana era eminentemente urbana, por ello el establecimiento de la ciudad fue por demás significativo. Así es que se optó por fundarla en el valle irrigado por el río más caudaloso de la región –al que llamaron San Juan, igual que al centro urbano-. Pero, precisamente por tratarse de un curso fluvial intermitente, caracterizado por la alternancia de períodos de escasez hídrica y otros de crecidas, ha requerido desde un comienzo la implementación de controles.
En ocasiones, como ocurriera en 1593 que el sitio fundacional debió ser trasladado por una inundación, otras tantas veces cultivos y poblados fueran arrasados por las aguas. Lo cierto es que las primeras obras hídricas fueron bastante precarias y sólo eran realizadas como atenuantes a potenciales crecidas del río. Esta situación recién sería revertida al ponerse en marcha un plan de infraestructura hídrica integral y sistemática, en la primera mitad del siglo XX.   //

 


octubre/73, edición Nº31, Año V – Mayo de 2017

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