Encender y transformar

Poroctubre/73

Encender y transformar

Nada volvió a ser igual en la historia de la humanidad desde el descubrimiento del fuego por parte del hombre. La tecnología ha permitido, a través de los años, seguir utilizándolo como elemento transformador. Hoy es innegable que el fuego sigue cambiando las maneras de vivir de la humanidad. Fuego: ese motor de transformación también presente en prácticas tradicionales y en miradas filosóficas.

 

Por Belén Ceballos, Susana Roldán y Fabián Rojas

Si hay un elemento transformador en la naturaleza, ese es el fuego. Nada volvió a ser igual en la historia de la humanidad desde su descubrimiento: la ciencia demostró que fue vital para la evolución del homo erectus, ya que a partir del consumo de alimentos cocidos su anatomía experimentó cambios irreversibles, como una reducción del intestino y un mayor desarrollo cerebral en su descendiente, el hombre de Neandertal.
Pero el fuego no se detuvo. Al poder producirlo y dominarlo, el hombre aprendió a utilizar los dos componentes del fuego, luz y calor, para cambiar la vida sobre el planeta. Un ejemplo es la invención de la máquina de vapor, que dio lugar a la Revolución Industrial en el siglo XVIII. La tecnología ha permitido, a lo largo de los años, seguir utilizando el fuego como elemento transformador y si bien los cambios de hoy no son todo lo dramáticos que fueron en la prehistoria, es innegable que el fuego sigue transformando a la humanidad.
Pero ¿qué es el fuego? Básicamente, el producto de una reacción química de oxidación. Para que haya fuego tienen que estar presentes tres componentes: combustible, oxígeno y temperatura. La ingeniera Estela Moreno, explica que “para que se genere el fuego se debe desarrollar una combustión, (reacción entre el combustible y el oxígeno), ambos en estado gaseoso para establecer el contacto. Esto significa que para que el combustible en su estado sólido, líquido o gaseoso reaccione, es necesario someterlo a un calentamiento, donde se producirá la combustión, generando luz y calor (fuego). Por ejemplo, una madera está en estado sólido y al entrar en contacto con el aire no se prende fuego; ahora bien, si se la calienta, con una fuente de ignición, cambia su estado a gaseoso y se puede incendiar”.
“Cuando observamos el fuego –dice- vemos la luz que es propagada por la llama y sentimos el calor que es la energía que se genera a partir de la reacción. Es una reacción exotérmica, pues genera energía que se aprovecha en distintos procesos”.

Del calor a la electricidad

En este sentido la ingeniera explicó que, con la Revolución Industrial y la aparición de la máquina a vapor, se impulsó el desarrollo y aplicación de la energía calórica para transformarla en energía eléctrica o mecánica. “Lo importante de la combustión es la transformación de esta energía térmica y sus múltiples aplicaciones en la industria, por ejemplo, el vapor generado a partir del calor transmitido al agua en una caldera. Para que esto ocurra se debe provocar en la caldera una combustión entre el combustible y el oxígeno. La caldera, al estar conectada a una red de gas, genera los gases de combustión que son los encargados de transmitir el calor a través de los tubos que están en contacto con el agua y eso permite que se caliente el agua y pase al estado de vapor. En el caso de las turbinas de una central eléctrica, reciben vapor seco sobrecalentado y, al ingresar, transforman la energía térmica (del vapor) en energía cinética y luego en mecánica, moviendo los álabes de la turbina, haciendo que el rotor y el eje giren y se transforme en energía eléctrica en un generador. En el caso de una turbina a gas, los gases generados en la combustión son los impulsores del rotor y permiten el accionar de los motores de un avión y su vuelo por el mismo proceso de transformación de la energía”, señala.

Quemar lo malo

Para los pueblos originarios, el fuego no sólo transformaba lo físico, sino también lo espiritual. “Kitek (fuego) es uno de los elementos de los pueblos que está presente siempre en cada ceremonia. Él quema todo lo malo, aquello que queremos dejar atrás e irrumpe en nuestro camino de la vida”, expresa Vanesa Guakinchay, de la comunidad Huarpe Guakinchay. Y agrega: “Kitek elimina lo malo para siempre. En las ceremonias se lo mantiene encendido para que ilumine y le dé fuerza a la noche, como por ejemplo en cada año nuevo de los pueblos (se celebra en el mes de junio) .Como el señor sol se duerme temprano, se lo espera hasta que amanezca en compañía del fuego”.
Por otra parte, Iliana Illay, perteneciente a la comunidad Arroyo Guakinchay, señala que el fuego para las comunidades huarpe significa la vida misma porque es el que preside y guía las ceremonias. “El fuego para nosotros es el sol mismo, nuestro taymenta, dador de vida”, expresó Iliana. En su comunidad, el fuego es muy importante porque al amanecer cada día lo encienden para desayunar y compartir alrededor de él mates, charlas y saberes entre los que forman parte del pueblo.
Desde la cosmovisión indígena este elemento representa luz, calor, abrigo, compañía, es el que les permite compartir y aprender. Lo respetan y enseñan a los niños y jóvenes a adorarlo. Para ellos es una fuente de vida.

Y el Sol… ¿es fuego?

Aunque la expresión “el Sol es una bola de fuego” sea de uso generalizado, en rigor de verdad esto no es así. Carlos Francile, investigador del Observatorio Astronómico Félix Aguilar, perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, explica que “generalmente asociamos al sol con el fuego. De él emana calor y luz por lo que lo relacionamos con lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro entorno. Sin embargo su naturaleza es muy diferente. El fuego se genera a partir de una reacción química de oxidación de un combustible en la cual el calor generado por la combustión sirve para mantener la propia reacción química. El calor del Sol proviene de una reacción nuclear, específicamente de la fusión nuclear de núcleos atómicos de Hidrógeno que se unen para formar principalmente núcleos de Helio, y una pequeña proporción de otros elementos más pesados. Este tipo de procesos tienen lugar en el interior de las estrellas debido a la extraordinaria presión y temperatura a que se ve sometido su núcleo por efecto de la fuerza de gravedad que lo contrae. Se calcula que la temperatura en el núcleo del Sol es de 15 millones de grados centígrados. La fusión nuclear del Sol es un proceso auto-sostenido donde podríamos decir que se quema el Hidrógeno transformándose en otros elementos y liberando gran cantidad de energía, en forma de energía cinética y radiación (fotones)”.
El ingeniero da más precisiones acerca del Sol. “Sabemos que se encuentra en su primera etapa de combustión nuclear, aproximadamente a mitad de su vida, es decir unos 5.000 millones de años. Tiene combustible suficiente, Hidrógeno, para otros 5.000 millones de años. Una vez agotado el Hidrógeno, la estrella se contraerá iniciando otro tipo de reacciones nucleares a partir de la fusión del Helio. Estas reacciones nucleares en las estrellas son además responsables de la producción de todos los elementos químicos que conocemos en nuestro planeta. Son fábricas de elementos químicos. Todo lo que conocemos en la tierra ha sido producido en varias generaciones de estrellas. Somos un producto de las estrellas. En este sentido podríamos asociar la capacidad transformadora del fuego con la capacidad transformadora de las estrellas. El fuego consume, destruye el combustible y produce, genera elementos nuevos como lo hacen las estrellas”, dice. //

 


CALEFÓN SOLAR

Calor y vida

Utilizar el sol como fuente de energía para calentar el agua de uso doméstico (higiene personal y limpieza) es sustentable ambiental y económicamente. Enrique Núñez, ingeniero, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, ha desarrollado un sistema de calefón solar de uso doméstico económicamente accesible. La 00020variante realizada por Núñez parte de un modelo realizado en Francia en la década del ’70, que consiste en dos láminas separadas por agua con una distancia de 3 mm, una de ellas, la que se expone al sol para que se caliente, está pintada de negro. Un vidrio mantiene el calor de esa lámina. Como la radiación solar es muy fuerte, si esta lámina tiene una buena aislación, por ejemplo con una doble capa de vidrio, la temperatura puede llegar a los 100 grados. El equipo tiene, además, un receptor del calor, ya que el agua caliente es recibida por un tanque que con una aislación especial mantiene el calor de dos a cuatro días, y una cañería de agua caliente. Se completa con una bomba de lavadora y un sensor electrónico. Este sensor detecta cuando el agua está caliente y hace arrancar la bomba que lleva el agua hacia la casa.
“Esta tecnología puede realizarse de manera local”, dice Nuñez. “Se requiere un marco de hierro ángulo; los captores solares y las cámaras de agua se realizan con dos chapas de acero inoxidable. Esa pequeña bomba de agua que puede ser de lavadora y un sensor electrónico de bajo costo. Tiene una gran vida útil, porque no se oxida. Los costos son relativamente bajos, ya que este calefón no supera los 4 mil pesos”, cuenta el ingeniero. //


EXPLOSIONES DE MATERIAL ARDIENTE

Espejismos desde el volcán

Los volcanes son imponentes, impresionantes y hasta aterradoras formaciones geológicas que parecen eyectar ríos de fuego desde sus entrañas. Pero no es así. Paola Orozco, geóloga de la UNSJ, dice que lo que ocurre en los volcanes “son explosiones de material ardiente; el material que expulsa el volcán como fuego sería el magma, que en la salida a superficie se denomina lava, como por ejemplo los volcanes de Hawái, que constantemente expulsan lava a superficie. También puede ocurrir que la suma de las altas temperaturas de los materiales expulsados, más una mezcla de gases, material fundido, partículas sólidas de diferentes tamaños desde metros a milímetros, en forma de polvo, generen explosiones e incandescencia. Sería como una combustión en la salida del volcán, lo cual se puede observar como tormentas. Pareciera fuego que sale del volcán, como se ve en la explosión del Volcán Calbuco en Chile”.Orozco
Por ello es que se relaciona a la actividad magmática volcánica con el fuego y las explosiones. “Los volcanes son centros muy activos geológicamente que se encuentran en constante movimiento, vinculados a una masa de roca fundida a más de 1000°C, que sería la cámara magmática donde se aloja el magma en profundidad. Esa cámara puede estar a pocos metros o cientos de metros hacia abajo”, explica Orozco. Y agrega que cualquier centro volcánico está relacionado a las cámaras magmáticas y que luego, por movimientos sísmicos o diferencias de densidades, se libera energía desde el centro del volcán hacia la superficie. “Todas estas manifestaciones han sido muy controladas y monitoreadas a lo largo de la historia, debido a las grandes catástrofes que destruyeron pueblos enteros, reportadas desde los griegos a la actualidad”, remarca la especialista.
En San Juan no hay actividad volcánica activa debido al ángulo de subducción de la Placa de Nazca con la Placa Sudamericana. “El ángulo que forman es bajo, lo que genera gran cantidad de fricciones entre placas y movimientos sísmicos muy fuertes, pero sin presencia de vulcanismo reciente”, aclara Paola Orozco. //


FUEGO Y FILOSOFÍA

La llama de la transformación

El filósofo Andrés López dice que la filosofía es algo que, como sucede con el fuego, ayuda en la cocción, en la interpretación del mundo, en las problemáticas sociohistóricas. “Heráclito, desde la filosofía griega, dio un encuadre a través del fuego para pensar el mundo físico, el mundo histórico y el mundo humano desde la idea de movimiento. El fuego como movimiento constante. Esta idea es muy interesante. Yo la relaciono con Mercedes Sosa con aquello de ‘cambia, todo cambia. Cambia lo superficial. Cambia también lo profundo’”. Por eso López apunta que las teorías también cambian, porque cambian las circunstancias y hay que teorizar de nuevo. “Como sujetos nos pesamos como constitutivamente históricos y por tanto esto es muy importante para proyectarnos históricamente”.López
El fuego se asocia figurativamente con la pasión. Ese fuego, esa pasión, esa combustión, puede poner en marcha el motor de movimientos sociales. El voto ciudadano transforma políticas y realidades. “Podríamos ver el fuego como un elemento de dos caras: una cara destructiva y una constructiva. Una revolución transforma totalmente las estructuras sociales y políticas, por lo que destruye determinado orden y construye otro. El fuego transforma algo crudo en algo maduro. El fuego debe estar, aunque mínimo, de manera permanente”, dice Andrés López, quien sustenta esa idea en que la ausencia de cualquier fuego imposibilitaría quemar estructuras nocivas para los/as ciudadano/as. Entonces, en la misma línea, se puede ligar la noción de fuego a la de potencia. “¿Qué es lo que hace que se pueda producir determinado movimiento popular? Lo que lo hace son las articulaciones en base a demandas insatisfechas que están ligadas a la emoción. Es decir, hay experiencias fragmentadas que logran aglutinarse y se convierten en potencia, en combustión para la transformación. Por supuesto, esto no se produce cuando los fuegos están fragmentados, y esto es lo que hace el neoliberalismo: despotenciar ese fuego. Es como un matafuegos”, grafica López. //


Ficha:

Ingeniero Enrique Nuñez – docente e invesigador de la Facultad de Ingeniería.

Mg. Ing. Nancy Estela Moreno – Departamento de Ingeniería Química – FI

Mg. Andrés López – profesor de Enseñanza Media y Superior en Filosofía y Pedagogía – Mg. en Filosofía – Máster en Sexología, Educación Sexual y Asesoramiento Sexológico – Prof. Titular en la Cátedra Historia de las Ideas Latinoamericanas en la FFHA – UNSJ

Paola Orozco – licenciada en Ciencias Geológicas por la UNSJ. Está realizando el Doctorado en Ciencias de la Tierra, en la especialidad de Geoquímica de zonas volcánicas de la provincia de Neuquén

Carlos Francile, investigador – Observatorio Astronómico “Félix Aguilar” – FCEFN


octubre/73 -Edición Nº 33, Año IV, agosto de 2017

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